El catequista es un cristiano que sigue a Jesucristo

En pequeña reflexión te recuerda que el/la es un cristiano que sigue a Jesucristo y que ha descubierto en el misterio de la cruz que Dios nos ama siendo para él poder y sabiduría de Dios. 

El CATEQUISTAS ES UN CRISTIANO QUE SIGUE A CRISTO 

Y ASUME LA CRUZ COMO SIGNO DE AMOR

Cristianos quiere decir discípulo de Jesucristo.

El/La catequista es un cristiano que sigue a Jesucristo porque ha experimentado y vive lo que dice el evangelista Marcos: “Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cague con su cruz y que me siga” (Cf Mc 8, 34- 38). 

Es decir, el catequistas vive las palabras del Jesús de Marcos, porque ha dejado de pensar en sí mismo y acepta que Cristo entre en su vida como lo primero, como lo más importante, comenzando a ser el centro de ella; porque ha tomado su cruz; porque quiere amar como Jesucristo aunque suponga renuncia, entrega, olvido de sí mismo por los demás; porque sabe que seguir a Jesucristo exige fijarse sólo en Él para conocerle, aún más, para amarle y seguirle sin condiciones. 

 Por eso, ante el Señor,  mirándole sólo a Él y con un corazón abierto, te animo a que te preguntes: ¿Es Cristo el centro de mi vida? ¿He asumido la cruz? ¿Le estoy siguiendo sin condiciones?

La cruz, para los cristianos, es la señal por la que Dios nos muestra su amor sin condiciones.

En ella murió Jesús por amor y para salvar a todos los hombres (cf. Jn 3, 13-17). Por eso, preside nuestros templos recordándonos que el amor no tiene límite y que en cada eucaristía celebramos el misterio pascual, es decir, que Cristo murió y resucitó. 

Como catequistas, ¿quién no ha experimentado que al mirar la cruz en intimidad con Él, le ha hecho cambiar de postura ante el sufrimiento, le ha suscitado deseos de entrega y le ha animado a seguir renunciando a mucha cosas por amor a Jesucristo y a los demás? Estoy seguro que muchos de vosotros estáis viviendo esto. 

También, El/la catequistas sabe que la cruz nunca es un castigo, ni una maldición de Dios, ni es una desgracia. Porque poco a poco ha ido entendiendo lo que dice San Pablo en la carta a los Corintios: “El lenguaje de la cruz, en efecto, es locura para los que se pierden; más para nosotros, es poder de Dios…  y sabiduría de Dios (cf. Cor 1, 18-25)

Es decir, el catequistas sabe por propia experiencia que el misterio de la cruz le hace comprender el amor de Dios aunque a veces no entendamos su manera de actuar o proceder; le da fuerza para amar como Jesús haciéndole capaz de renunciar y sacrificarse por amar a Él y por amor a los demás. 

Por eso, ante el Señor,  mirándole sólo a Él y con un corazón abierto, te animo a que te preguntes: ¿Es verdad que cuando miras la cruz, obtienes fuerza y entras en deseos de renunciar y entregar aun más a Jesús a los demás? Si alguien te pidiera que le explicases por qué la cruz no es castigo o maldición, ¿Qué le respondería?

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