PRESENTACIÓN DE ANTIQUUM MINISTERIUM. DIÓCESIS DE MÁLAGA.
El día 10 de mayo de 2021 fue publicada la Carta Apostólica en forma de «Motu Proprio» Antiquum Ministerium,[1] del Papa Francisco.
Desde la delegación de catequesis de la diócesis de Málaga queremos apuntar brevemente algunas claves que nos pueden ayudar a acogerla, sabiendo que en los próximos meses nuestra Conferencia Episcopal deberá hacer efectivo el ministerio de Catequista, estableciendo el necesario itinerario de formación y los criterios normativos para acceder a él (AM 9), y que próximamente se concretará también el Rito de Institución del ministerio laical de Catequista (AM 8).
Una primera clave esencial es el reconocimiento de este ministerio dentro de la tradición eclesial. No es, por tanto, algo “nuevo”, sino que la Iglesia ha reconocido desde sus inicios la presencia activa de bautizados que ejercieron este servicio eclesial: transmitir de forma más orgánica, permanente y vinculada a las diferentes circunstancias de la vida, la enseñanza de los apóstoles y los evangelistas (cf. AM 2; Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Dei Verbum, 8). Esta tradición se concreta y se hace mucho más llamativa desde el Concilio Vaticano II, y especialmente en la Carta apostólica Ministeria quaedam, de Pablo VI (cf. AM 4; 7).
La novedad más importante que trae este documento es la concreción de lo que el Papa Francisco ha apuntado en muchas ocasiones, y se ha desarrollado especialmente en el último Directorio General de Catequesis: la misión de transmitir la fe que desarrolla el Catequista se extiende a las diversas etapas de la evangelización (cf. AM 6), desde el primer anuncio que introduce al kerygma, pasando por la enseñanza que hace tomar conciencia de la nueva vida en Cristo y prepara en particular a los sacramentos de la iniciación cristiana, hasta la formación permanente que permite a cada bautizado estar siempre dispuesto a «dar respuesta a todo el que les pida dar razón de su esperanza» (1 P 3,15).
La identidad de este ministerio del Catequista lo hace ser, según el documento (cf. AM 6), testigo de la fe, maestro y mistagogo, acompañante y pedagogo que enseña en nombre de la Iglesia. Y el desarrollo de esta identidad se da mediante la oración, el estudio y la participación directa en la vida de la comunidad (cf. Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, Directorio para la Catequesis, 113).
Por último, todo esto se concreta en las características del servicio eclesial del Catequista. ¿Cuáles son? También se nos enumeran, para que sepamos quiénes pueden recibir este ministerio (cf. AM 8).
• Un fuerte valor vocacional,
• un servicio estable,
• hombres y mujeres de profunda fe y madurez humana,
• que participen activamente en la vida de la comunidad cristiana,
• que puedan ser acogedores, generosos y vivan en comunión fraterna,
• que reciban la debida formación bíblica, teológica, pastoral y pedagógica para ser comunicadores atentos de la verdad de la fe,
• que hayan adquirido ya una experiencia previa de catequesis,
• fieles colaboradores de los sacerdotes y los diáconos, dispuestos a ejercer el ministerio donde sea necesario,
• y animados por un verdadero entusiasmo apostólico.
Por tanto, es, sin duda, un paso importante para el servicio pastoral en nuestras diócesis en general, y en los lugares concretos desde los que se realiza la transmisión de la enseñanza de los apóstoles y evangelistas de un modo orgánico, permanente y vinculado a las circunstancias concretas de la vida, especialmente, y de manera singular, las parroquias.
¡Ánimo, y adelante
Hemos adjuntado un archivo con la Carta Apostólica